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Una recomendación para AMLO

Por David Uriarte /

 

Quién es quién para decirle a AMLO lo que debe o no hacer, sobre todo cuando se trata de asuntos de lógica y sentido común.

Sin embargo, a veces se cae en lo que se critica, es decir, hay temas que van más allá de lo operativo, técnico, científico, contable, o administrativo, temas que tienen que ver con lo humano, temas que se relegan no por mala fe, sino por las formas o estilos políticos que ven el objetivo o la meta, y olvidan lo que hay en el camino o en el desarrollo de los procesos operativos del quehacer político.

En las conferencias matutinas habituales en Palacio Nacional, al presidente López Obrador se le olvida o no considera dos cosas, entre otras: que quienes lo acompañan son generalmente servidores públicos de la tercera edad, hombres y mujeres algunos mayores de setenta años, incluso mayores de ochenta años. Esto hace que biológicamente sus fuerzas físicas estén deterioradas, aunque mentalmente pueden ser brillantes.

Las expresiones faciales de estos servidores públicos revelan cansancio físico, agobio, y desesperación por la tortura que representa iniciar una jornada laboral de madrugada para estar a las cinco de la mañana en Palacio Nacional, tener la reunión previa, preparar la información y mostrarse en la pasarela como soldados firmes y atentos a las órdenes del jefe supremo.

En promedio, los protagonistas de segundo plano de la conferencia matutina presidencial, deben permanecer de pie por espacio mínimo de una hora, tiempo suficiente para activar la insuficiencia venosa periférica de miembros inferiores. Este castigo diario puede inducir una eventual caída o agravar las condiciones propias de una humanidad de por sí deteriorada por la edad.

Por algo, la Ley del Instituto de Seguridad Social para las Fuerzas Armadas Mexicanas señala que la edad límite de los militares para permanecer en activo, es de 50 años para la tropa y 65 para los Generales de División.

Una cosa es deambular todo el día, y otra permanecer de pie una o dos horas a los 70 u 80 años de edad. Tan fácil que es ponerles unas sillas a estos héroes, y se acabó el riesgo de un desfiguro a la salud y a la política de AMLO.

 

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