Por David Uriarte /

El acomodo de las piezas da sentido, imagen e identidad a los signos de rebelión social. Las evidencias de conductas antisociales, el reniego de algunas cartas importantes en la vida de todos los partidos políticos, la inquietud de funcionarios públicos por los reacomodos institucionales derivados de las candidaturas que se avecinan, y los conflictos universitarios tanto en la UAS como en la UAdeO, son signos inequívocos de rebelión.

Provocación, confrontación, reacción, o estrategia, es la utilización de artefactos denominados “ponchallantas”, de igual manera, la destrucción o inhabilitación de las cámaras de video vigilancia en las principales vías de la ciudad… la sociedad intuye, se imagina, o construye sus historias fantasiosas alrededor de estas conductas propias del juego del ‘gato y el ratón’, sólo las autoridades encargadas de la seguridad pública y ellos conocen la realidad, lo demás es imaginación.

La rebelión se da en distintas áreas que también incluye la política partidista y el servicio público, la inconformidad como fuente de la rebelión, es la muestra de ambición por alcanzar o no dejar los hilos del poder; muchos están esperando la ratificación de la famosa lista o relación de candidatos, otros esperan un reacomodo con la esperanza de ser incluidos, otros ya buscan espacios en otros partidos donde sean bien recibidos… La rebelión política apenas empieza.

Otro signo de rebelión, inconformidad, o hartazgo, son las manifestaciones de rechazo de parte de la comunidad de la UAdeO, un espacio académico que siempre se mantuvo disciplinado, sujeto a las designaciones oficiales, hoy replican el modelo de la UAS, se revelan y se animan decir lo que sienten, reclaman su mayoría de edad, ya no quieren ser tratados como incapacitados intelectuales; la nueva designación de su Rector puede ser la mecha que detone la implosión, y con esto, surjan las primeras células de libertad que tanto necesitan para hacerle honor a su lema.

La rebelión como muestra de inconformidad, determina la consistencia de la gobernabilidad, la eficacia de sus programas y la eficiencia de quienes los operan. Inconformidades en las calles e inconformidades en las instituciones, revela un pronóstico reservado para la sociedad y su gobierno.

Para disminuir los signos de rebelión, se deben tener las herramientas necesarias, no todo se arregla con pinzas y desarmador.