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¿Qué pierde el que no tiene?

Por David Uriarte

 

La ecuación está más que pensada y las matemáticas son exactas. En un ejercicio mental fácil se pueden entender muchas cosas de aspecto difícil, cuando del futuro de México y los mexicanos se trata.

Si la mitad de los mexicanos califican en la condición de pobreza y el diez por ciento en pobreza extrema, entonces seis de cada diez mexicanos viven al día, esto significa que apenas les medio alcanza para comer y satisfacer las necesidades básicas.

De los cuatro restantes, tres tienen una seguridad social y laboral, es decir, tienen trabajo y gozan de servicio médico, educación y una relativa seguridad en el empleo, sin contar a los empleados del gobierno federal que serán despedidos en tandas, al final, queda un relativo diez por ciento de mexicanos cuyo privilegio los ubica en un estrato donde están los patrones, inversionistas o empleados VIP cuyos ingresos son suficientes para una vida decorosa que incluye lujos.

Con esta revisión básica de la economía de los mexicanos, se pueden entender muchas directrices o caprichos políticos. Siguiendo la lógica matemática se pueden entender temas como el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad México (NAIM), tema por demás explorado y ventilado en los medios.

Sin embargo, sólo basta hacerse la siguiente pregunta: ¿Quiénes usan los aeropuertos? ¿Los ricos o los pobres? La respuesta es obvia; y así bajo esta lógica se puede analizar lo relativo a los combustibles, la depreciación del peso frente al dólar, los salarios millonarios de ciertos servidores públicos que se dicen o sienten funcionarios.

Mientras se les pegue a los temas donde el dinero es el eje principal, los que más van a renegar son los amenazados, los que han construido un capital y ven el riesgo de frenar su crecimiento o consolidación económica.

El sesenta o setenta por ciento de la población tiene un grado de preocupación bajo o nulo en relación a temas como el aeropuerto o el tratado de comercio trilateral México, Estados Unidos y Canadá, sin embargo, tomarlos en cuenta para decidir el futuro de las inversiones y la economía, es como darle el cinto al hijo para que cobre venganza de los cintarazos que ha recibido de sus padres.

 

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