Neuropolítica

No hay mal que dure cien años

MICIUDAD.MX / No hay mal que dure cien años ni cuerpo que los aguante, así reza el refrán para entender la temporalidad de los fenómenos sociales y personales.

Cuánto darían los 20 millones de mexicanos diabéticos por que su enfermedad solo durara tres o seis años, o los pacientes con cáncer, lupus, artritis, hipertensos, obesos, paralíticos. En fin, que las enfermedades y discapacidades fueran limitadas por un decreto o una ley, sería una maravilla.

Soportar una enfermedad por el resto de la vida es más amenazante que soportar un político por seis o tres años. Con esta óptica, las frustraciones, corajes y envidias toman otro curso, el curso de la espera. Hay que esperar poco más de mil días para que un presidente municipal concluya su gestión y 2 mil 190 días para que un presidente deje su cargo, entonces, para qué tanto alboroto, los puestos políticos no significan cadena perpetua, significan una oportunidad para unos y un perjuicio para otros, aunque en teoría debieran representar bienestar para todos.

Los enconos y rencillas individuales o de grupo en el terreno político solo reflejan la diversidad de pensamiento o la intolerancia al éxito ajeno, aunque también pueden ser producto de injusticias.

Repetir en los cargos de elección popular es la evidencia del buen desempeño político y administrativo, entonces, esperemos al tiempo y a la voluntad ciudadana. Mientras tanto, las palabras y los hechos son los ladrillos con los que construye el futuro inmediato cualquier político.

El país más poderoso del mundo tiene en su presidente un cuestionado político, sin embargo, será la voluntad ciudadana la que decida su reelección o no. Lo mismo ocurre en México o en cualquier país democrático; es la voluntad popular la que decide.

En el caso particular de Culiacán, el desempeño político y administrativo del presidente municipal, con sus dichos y sus hechos, son los clavos que aseguran el ataúd de su tumba política, o los clavos que construyen el altar de su veneración. Al tiempo.

La curva de aprendizaje del nuevo presidente municipal de Culiacán está siendo tortuosa para él y algunos militantes de su partido… No serán cien años para nadie.

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