Por David Uriarte /
Ni de la genética ni de la cultura se puede esconder la persona. Los aprendizajes están inscritos en la memoria de los humanos, aprendizajes instintivos y aprendizajes por imitación o recomendación.
La cultura sinaloense es producto de los aprendizajes instintivos y observacionales de las generaciones, cientos de generaciones que han transmitido su valentía, su astucia, su liderazgo, su control, su proclividad a la poligamia e infidelidad como parte de la evolución filogenética y ontogenética; su manera económica de resolver diferencias, su hablar franco y sin matices, su palabra como moneda de confianza, y su silencio como parte de la resignación cuando la vida se vuelve catastrófica.
No se puede negar el contraste cultural, mientras la costa vive sus afanes producto de una riqueza que la ve pasar del mar al extranjero o al consumo local, la sierra y los ranchos producen individuos cuyo modelo de éxito vive una dualidad; entre la ganadería, el comercio, y la siembra de temporal, o las ilusiones fantasiosas del narcotráfico en cualquiera de sus modalidades.
Tanto los habitantes de la ciudad, como los de la costa y la sierra, aspiran a mejorar su calidad y estilo de vida, miles y miles de familia buscan el sentido de vida por la vía de la escolaridad y el trabajo honrado, viendo de reojo los destellos propios de una vida llena de lujos, extravagancias y riesgos.
Callar la verdad no modifica el resultado, bajo el lente de la honestidad, la descripción no requiere juicos, no se trata de buenos o malos, se trata de la cultura cuyas expresiones representan un mosaico de formas de pensar, sentir, percibir, y comportarse, es la personalidad o identidad del sinaloense cuyo espectro va desde la nobleza y funcionalidad extrema, hasta las expresiones primitivas producto de un esquema o nicho cultural que alberga tradiciones asociadas al narcotráfico.
La franqueza de los sinaloenses, el discurso sin dobleces, la temeridad de algunos que arriesgan su vida y su familia en búsqueda de cumplir sus metas y lograr sus objetivos, es parte del bagaje cultural. La tierra sinaloense produce prácticamente de todo, empezando por su gente cuyo destino es la marca fluorescente de unos genes que se distinguen en cualquier parte del mundo, Sinaloa recibe a miles de personas que ven en su agricultura la tierra prometida.
La modestia si le quedó a deber a los sinaloenses.